jueves, 22 de diciembre de 2011

Vive la sabiduria del Tao

El Tao eterno no tiene nombre.
Aunque es simple y sutil,
nadie puede dominarlo.
Si los reyes y señores pudieran dominarlas,
las diez mil cosas obedecerían de manera natural.
El cielo y la tierra se regociajarían
con el dulce goteo del rocío.
Todos vivirían en armonía,
no por mandato oficial,
sino por su propia bondad.
Cuando el todo se divide,las partes necesitan nombres.
Ya existen suficientes nombres,
hay que saber cuando parar.
Hay que saber cuando la razón impone unos límites
para evitar el peligro.
Los ríos y los arroyos nacen del mar,
y toda la creación nace del Tao.
Así como el agua fluye para volver a convertirse en mar,
toda la creación fluye para volverse en Tao.

DYER



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