viernes, 16 de marzo de 2012

Decalogo de lo que no debemos hacer con un hijo.

La psicogenealogía nos enseña lo que nos hicieron nuestros padres,
pero tan importante es esto, como saber que no debemos hacer a
nuestros hijos. Si algo de lo que se expone a continuación ya lo hemos
hecho, no debemos culpabilizarnos, sino parar y reparar el posible
daño causado.

1.- Ponerle el nombre de un antepasado, familiar vivo, antiguo novio o
novia, personaje histórico, novelesco, etc

Al pasarle un nombre, le pasamos una identidad

2.-Enviarle mensajes de que fue o es una “carga” (incluso durante la gestación)

Esto hará que tienda al fracaso, por no verse digno, a padecer
sentimientos de culpabilidad, o incluso a manifestar comportamientos
autodestructivos.

3.-Calificarlo de forma negativa: “eres flojo”, “eres malo”…

En los niños la identidad se forma como un reflejo de lo que sus
mayores, como en un espejo, proyectan sobre él con sus verbalizaciones
y también y más importante aún, mediante la comunicación no verbal. Si
le dices a un niño eres un “demonio”, será un “demonio”…

4.-Proyectar sobre él lo que los padres no pudieron realizar en sus
vidas: “este será médico”…

Sería una forma de alejarlo de su propio proyecto vital. Por lealtad,
seguirá lo marcado por los padres que es el camino directo hacia la
no-realización personal.

5.-Compararlo con cualquier miembro de la familia, ni para bien, ni para mal.
Si te comparan con otra persona cuando eres niño, te programan para
seas esa persona. Si las expectativas son muy altas, siempre vivirás
frustrado, si las expectativas son muy bajas, fracasaras como el
modelo que te impusieron.

6.-Decirle que estamos orgullosos de él.

Es otra forma de decirle que te pertenece y que ejerces poder sobre él.

7.-Decirle que lo queremos porque no nos da problemas.

Si el “contrato” con un niño es: “te quiero a cambio de que no des
problema”, el niño vivirá inhibiendo su espontaneidad, autoevaluando
al máximo las consecuencias de sus actos, etc. Un excesivo autocontrol
impide el crecimiento de la persona y la expresión de la creatividad.

8.- Obligarlos a utilizar las palabras “mamá” y “papá” más allá de la
adolescencia, negándoles el derecho a dirigirse a los padres por sus
verdaderos nombres.

Estas palabras encierran un compromiso de relación padre-hijos,
caracterizado por la dependencia infantil de los segundos a los
primeros. Más allá de la adolescencia, es sano renovar este
compromiso.

9.-Vestir a dos hermanos de la misma manera. Que el hermano menor se
vea obligado a “heredar” ropas y objetos del mayor y a no tener un
espacio propio en el hogar.

Implicaría de forma metafórica, no darle “su espacio” a cada uno.

10.- Castigarlo con insultos, golpes, gritos o cualquier tipo
manifestación de agresividad.

El niño aprende “los conflictos se solucionan con agresividad” y
repetirá este patrón cada vez que tenga problemas. Los castigos deben
ser educativos, constructivos, positivos, razonados, relacionados con
la conducta a modificar. Añado que la mayoría de las veces, el mejor
castigo es el premio a la conducta apropiada.

Fuera del decálogo:

El niño es dueño de su espacio, contenido y tiempo de juego. Nunca
debemos robarle su infancia, por ejemplo haciéndolo escesivamente
responsable de sus hermanitos, o queriendo que dedique su tiempo de
ocio a las actividades que nosotros no pudimos realizar cuando niños.
Los niños son niños y su actividad fundamental es jugar. Jugando
crecen en todos los sentidos, aprenden, se divierten, se socializan,
interiorizan en su mundo, crean…
Los niños no son receptores vivos proyectos frustrados del árbol.
Ayudémosles a que reslicen su propio guión de vida.

Alejandro Jodorowsky

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