domingo, 3 de julio de 2011

"La parábola del sembrador "




“Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él,
les dijo por parábola: el sembrador salió a sembrar su semilla;
y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue
hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó
sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía
humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos
que nacieron juntamente con ella, la ahogaron.
Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto
a ciento por uno. Hablando estas cosas,
decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.”
Lucas 8:4-8.


La parábola del sembrador tiene una fuerza especial. Resulta muy sugerente por la gran cantidad de imágenes que incluye, por tratar temas que nunca pasarán de moda, por su tremenda actualidad: Viene la palabra a ti, y tú ¿qué haces con ella?
Hoy nos encantan las tipologías, las clasificaciones, las ordenaciones de tipos de cosas, de tipos de personas… La parábola del sembrador nos plantea cuatro actitudes, nos las pone delante para que nos reflejemos en ellas como en un espejo y nos descubramos en una, o varias, de ellas.
Pero antes de las diferencias, es importante ver los elementos comunes. El sembrador siembra por igual; Jesús ofrece su palabra a todos, sin excepción, sin discriminación; todos, además, la escuchan, así que nadie tiene excusa, nadie puede hacerse el despistado. La palabra de Dios ha llegado a los oídos de todos, ahora la pelota está en su tejado. ¿Qué harán? Esa es la cuestión:
Unos escuchan y no entienden; en el fondo no les interesa. Si algo nos importa de verdad, ya buscamos la manera de comprenderlo, de hacerlo nuestro, de que alguien nos ayude.
Otros escuchan y hasta aceptan con alegría, pero mientras todo funcione bien; en cuanto llegan las dificultades… si te he visto no me acuerdo. Y es que hay dos tipos de alegría, una es superficial, pasajera, efímera, la otra es auténtica, la que brota de las convicciones profundas, de las decisiones tomadas con firmeza. Seguir a Jesús no es un camino fácil, él nunca nos ha engañado con publicidad falsa. Las cartas están boca arriba sobre la mesa: la resurrección pasa por la cruz.
Una tercera actitud es la de quien mide las cosas por interés. En un plato de la balanza pone a Jesús y su mensaje, en el otro las riquezas, el poder, la comodidad… Según qué balanza usemos, se inclinará hacia un lado o el otro. No es fácil descubrir que seguir a Jesús lleva a una felicidad más honda y mejor.
En cuarto lugar está la tierra buena. Todos han escuchado la Palabra, pero solo algunos deciden complicarse la vida para entenderla y vivirla. No es que sean superiores a los demás, quizá solo han tenido un oído más despierto. Estos producen fruto, es decir, se mojan, transforman la sociedad, enriquecen la vida de los que les rodean.
Posiblemente, todos tengamos un poco de cada grupo. La parábola se nos pone delante para que nos revisemos y tomemos nuestra opción.
La Palabra viene a ti, ¿qué haces con ella?

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