martes, 9 de agosto de 2011

"Las edades del hombre"





La Iglesia a lo largo de los siglos ha sido una de las mayores promotoras de arte con objeto de acercar al hombre a Dios a través de la belleza. La contemplación de la belleza ensalza al hombre y lleva al que es su origen. En relación con este uso secular que la Iglesia ha realizado del arte no hay que olvidar un acontecimiento que ha traspasado las fronteras de nuestro país. Se trata del proyecto de "Las Edades del Hombre". Desde el año 1988 la Iglesia en Castilla y León se planteó un reto que aún sigue vivo y que ha sido una clara muestra del diálogo fe y cultura que la Iglesia ha fomentado a lo largo de los siglos y lo sigue haciendo hoy. Las Edades del Hombre han ido sacando a la luz, de modo paulatino y pedagógico el arte secular, maravilloso y muchas veces oculto de nuestras Iglesias. Los guiones explicativos, el maravilloso marco de los templos y el propio arte han maravillado a propios y extraños, los unos porque desconocían la que tenían entre manos, los otros porque han contemplado unido no solo en el espacio sino en el contexto todo un misterio, el divino, que sustenta al hombre que nace, vive y muere. Después de haber recorrido las ciudades sedes episcopales de las diócesis de Castilla y León, las capitales de provincia y algún otro lugar de la región y del extranjero, Las Edades del Hombre han vuelto a Valladolid, tierra que vio nacer este proyecto y se han elegido dos ciudades como sedes de una única exposición: Medina de Rioseco y Medina del Campo. En esta ocasión, el tema elegido ha sido la pasión de Jesucristo, la Passio. A través de distintas obras de arte, objetos litúrgicos, libros y documentos, se muestra y se invita a contemplar el misterio pascual: la muerte y resurrección de Cristo.
Obras de arte seculares en diálogo con otras modernas nos guian por el relato de la Pasión, por la reflexión y plasmación artística que ha provocado la muerte de Cristo a lo largo de los siglos. Por una parte, se evoca el relato evangélico, la Historia, lo que algunos de los testigos directos guardaron en su retina y en su memoria y luego contaron. Esto ocurre en la iglesia de Santiago de los Caballeros, en Medina de Rioseco, donde un relato continuo nos lleva de la Última Cena del Señor con sus discípulos hasta la Resurrección, hasta el Cristo resucitado que espera en Galilea para reencontrarse con sus discípulos y enviarles a anunciar la Buena Nueva al mundo. Por otra parte, también se habla, en la exposición, de la plasmación artística del pensamiento teológico y de la reflexión sobre la Pasión. Imágenes y simbología que, a lo largo de la Historia, han servido para transmitir la hondura, el significado y la trascendencia de la redención operada por la muerte y resurrección de Cristo. Es la iglesia de Santiago el Real, en Medina del Campo, la que acoge esta parte de la muestra, que se articula en cinco capítulos, con títulos que nos dan idea de lo que cada uno contiene: Ecce Homo (He aquí el Hombre), Agnus Dei (El cordero de Dios), Fons et culmen (La eucaristía fuente y culmen de la fe), Dulce Lignum (El dulce leño de la Cruz), Via Crucis (el camino de la Cruz). Cristo y el hombre, la entrega de aquél y el beneficio de éste, el alimento para el camino, el sentido de la cruz, el camino del hombre con su propia cruz, la cruz como la de Cristo sobre nuestros hombros.

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