jueves, 18 de agosto de 2011

Vive la sabiduria del Tao

Los antiguos maestros eran profundos y sutiles
Su sabiduría era insondable
por lo que no hay modo de describirla.
Solo puede definirse vagamente por su apariencia.
Vigilantes, como hombres que cruzan un arroyo en invierno.
Alertados, como hombres conscientes del peligro.
Simples como la madera sin tallar.
Huecos como cavernas.
Dóciles, como el hielo a punto de derretirse.
Amorfos, como el agua turbia.
Pero el agua más turbia se aclara al permanecer inmóvil.
Y de esa quietud surge la vida.
El que sigue el Tao no desea estar lleno,
y precisamente porque nunca está lleno,
puede seguir siendo como un brote oculto
que no tiene prisa por madurar antes de tiempo.
DYER

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