viernes, 1 de octubre de 2010

Paolo Coelho



Vuelvo aquí a uno de mis personajes favoritos, el filósofo chino Confucio. Se cree que vivió entre los años 551 y 479 antes de Cristo. Mientras algunas obras se le atribuyen a él, otras fueron recopiladas por sus discípulos. En uno de estos textos, Conversaciones familiares, hay un interesante diálogo acerca del aprendizaje: Confucio se sentó a descansar, e inmediatamente los alumnos se pusieron a hacerle preguntas. Aquel día, el maestro se encontraba con buena disposición, y resolvió responderles.
­Usted consigue explicar todo lo que siente.
¿Por qué no le hace una visita al emperador y habla con él? ­El emperador también hace bellos discursos ­dijo Confucio­. Y los bellos discursos son apenas una cuestión de técnica: no son obra de la virtud, necesariamente.
­Entonces, envíele su libro de poemas.
­Los 300 poemas que hay ahí escritos pueden resumirse en una sola frase: piensa correctamente.
Este es el secreto.
­¿Qué es “pensar correctamente”? ­Es saber usar la mente y el corazón, la disciplina y la emoción. Cuando se desea una cosa, la vida nos guiará hasta allá, pero por caminos que no esperamos. A menudo nos dejamos confundir, porque estos caminos nos sorprenden, y entonces nos parece que estamos yendo en la dirección equivocada. Fue por eso por lo que yo dije: déjate llevar por la emoción, pero sé disciplinado para poder seguir adelante.
­¿Usted hace eso? ­A los 15 años, empecé a aprender. A los 30, pasé a estar seguro de lo que quería. A los 40, las dudas regresaron. A los 50 años, descubrí que el Cielo tiene un proyecto para mí y para todos los hombres que hay sobre la faz de la Tierra. A los 60, comprendí este proyecto y encontré la tranquilidad necesaria para seguirlo. Ahora, a los 70 años, soy capaz de escuchar a mi corazón, sin que este me haga salirme del camino.
­Entonces, ¿qué es lo que lo hace a usted diferente del resto de los hombres que también aceptan la voluntad del Cielo? ­Yo intento compartirla con vosotros. Y quien consigue discutir una verdad antigua con una generación nueva, debe hacer uso de su capacidad de enseñar. Esta es mi única cualidad: ser un buen profesor.
­¿Qué significa ser un buen profesor? ­Buen profesor es el que examina todo lo que enseña. Las ideas antiguas no pueden esclavizar al hombre, porque con el tiempo deben adaptarse y adoptar nuevas formas. Por lo tanto, aprovechemos la riqueza filosófica del pasado, sin olvidar los desafíos que el mundo presente nos propone.
­¿Y cómo es un buen alumno? ­Es aquel que escucha lo que yo le digo, adaptando mis enseñanzas a su vida, pero sin seguirlas nunca al pie de la letra. Es aquel que no busca un empleo, sino un trabajo que lo dignifique. Y por último, es aquel que no persigue ser notado, sino realizar algo notable.
Paolo Coelho

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