jueves, 17 de febrero de 2011

Semillas Zen



VIENTO CELESTIAL
Detengo mi trabajo en el jardín para contemplar a un pajarillo que pasa por encima y cuyo piar ha roto el silencio. De las montañas desciende un viento refrescante que seca el sudor de mi frente. En este momento brota en mí la alegría de vivir, alegría por el trabajo que hago
"Qué viento más frío hace hoy, ¿verdad?", comentó una anciana que pasaba al lado.
"¿No podría aquella casa dar la bienvenida al resplandor de la luna, al frescor de la brisa?", pregunta el Hekigan-Roku (Crónicas del Acantilado Azul). La luna brilla en casa; cada casa yace en el sendero del frescor de la brisa. ¿Sentimos la brisa refrescante o como un viento cruelmente frío? La diferencia no está en el viento sino en la persona que lo percibe. En cierta ocasión, alguien me dijo que a dicha brisa se la conoce como el "viento celestial".
Hace cientos de años, cuando Chao-chou preguntó al maestro Zen Nan-ch´uan si él podría buscar la Vía, Nan-ch´uan contestó:"Si lo intentas, entonces te apartarás de ella".
Eso que llamamos paraíso o felicidad, o el Dharma o la iluminación, no lo podemos buscar fuera de nosotros. Sólo lo encontraremos si nos damos cuenta de que ya estamos dotados con ello de manera innata.

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